Benjamín Walker y el presente de las páginas

18/04/2022

El cantautor chileno conversa sobre su más reciente disco Libro Abierto y asegura que quiere transformar su vínculo con Argentina en una relación a largo plazo, en esta entrevista con Altafonte

María Gabriela Fernández B.

“Una extensión de la memoria y de la imaginación”. De esa manera el escritor Jorge Luis Borges se refería a los libros, valorando el asombro ante la forma en que estos objetos permiten recordar sueños y registrar el pasado.

El cantautor chileno Benjamin Walker recoge un poco de ese concepto en su álbum “Libro Abierto” (2021). Un disco integrado por 11 canciones en las que el artista apela al presente perfecto de las páginas para retratar cada instante de sus vivencias y ficciones.

Con tres álbumes de estudio, y un premio Pulsar como Artista Revelación (2015) en su haber, el nombre de Benjamín Walker figura hoy como uno de los más destacados de la nueva generación de cantautores chilenos con proyección internacional.

Benjamín Walker reside en México, donde estrenó recientemente una colaboración con la artista mexicana Silvana Estrada, titulada Días que no lloro. Además, durante marzo de 2022 estuvo de visita en Argentina, realizando sus primeras presentaciones en vivo en el país como parte del line up del Cosquín Rock, y con fechas en Buenos Aires, Rosario y Córdoba Capital.

Al cantar, su voz pone a bailar a los versos entre agudos, como si no costara, con la naturalidad de una hoja en el viento. Es también esa organicidad la que distingue a sus composiciones líricas y a su manera de mirar el mundo. Tal vez por eso, Walker habla sonriendo, creando atmósferas luminosas en su entorno. 

En entrevista con Altafonte, ahonda en los atributos del libro aplicados a su disco, y comparte las emociones que experimentó en sus conciertos en Argentina, donde inició una relación musical que espera extender a largo plazo.

Benjamin walker foto 1

— ¿Cuáles fueron los puntos de partida para la composición de las canciones de Libro Abierto?

—  Los procesos de mis discos siempre han tratado de abarcar períodos de mi vida. Inevitablemente, mi proceso creativo y compositivo es bastante autobiográfico, guarda mucha relación con las cosas que me van tocando vivir en cada etapa de mi vida. Por ejemplo, las del primer disco son canciones que compuse casi todas en el colegio; luego “Brotes” fue un disco que desarrollé a nivel compositivo mientras era estudiante de Derecho en la Universidad de Chile. Entonces lo que vino después fue que empecé a viajar, a relacionarme con mis colegas, a colaborar con otros artistas de España y de Latinoamérica, y creo que las canciones de Libro Abierto tienen que ver con esa búsqueda de mi identidad como un individuo que se reconoce a sí mismo como músico, todos los encuentros que significaron haber apostado por mi carrera musical y las anécdotas que eso me hizo vivir.

— ¿Por qué el concepto de libro como base para el título del álbum?

— La idea de Libro Abierto tiene que ver con vivir el presente. Gráficamente, la imagen de libro abierto para mí era muy elocuente para referirse a estar atento al minuto en que uno vive, a atender a la página que uno tiene de frente, independiente de dónde viene y del posible desenlace del libro.

— Si se tratara de un libro en el sentido formal, ¿sería entonces un libro de cuentos?

— Exactamente. En ese sentido, la idea de libro resumía muy bien el concepto en cuanto a que cada canción es un viaje por sí mismo, pero todas juntas forman parte de un mismo relato histórico que vendría a ser ese libro.

— ¿Cuál es tu opinión sobre la música como espacio de manifestación de lo literario y lo poético?

— Es un tema profundísimo, porque el umbral y los criterios que existen para evaluar la lírica de la música hoy en día son muy variados, y el tipo de exponentes que hoy existen, sobre todo en el mainstream, pueden cambiar mucho unos de otros. Las últimas conversaciones que he tenido sobre letras tienen que ver con el último trabajo de Rosalía, que yo lo encuentro una maravilla, y nos ha llamado mucho la atención que difiere muy valientemente del trabajo anterior en términos líricos.

— Dentro de mi experiencia al componer, el aspecto lírico me resulta importantísimo. Tal vez porque vengo de una tradición de canción de autor latinoamericana donde la lírica es extremadamente importante. Como chileno, está esa idea de que la música debe tener “sentido y razón”, como decía Víctor (Jara), sea reggaetón o sea trova, y creo que me hace sentido abrazar esa tradición y exigirme a mí mismo que el contenido lírico de mi música sea lo más concreto, honesto y contundente que me sea posible.

— ¿Cómo llevas esa autoexigencia lírica en tus procesos?

— Creo que lo que me toma más tiempo para terminar de componer una canción es la letra, la música me llega más fácilmente. Eso hace que Libro Abierto sea también una expresión de esa búsqueda constante de cómo comunicar mi lenguaje escrito además del musical.

— Me paso meses quirúrgicamente eligiendo la palabra de este verso para que su fonética y cómo suena sea tan aporte como el sentido de la palabra que elegí. Me encantaría llegar al estudio a dejar fluir la conciencia y que quede lo que se de, pero pienso en eso y ya me da vértigo.

— De la idea de libro como soporte, también se deriva un sentido de lo analógico ¿Cómo se manifiesta esta búsqueda de lo orgánico en Libro Abierto?

— Hasta el día de hoy, mi necesidad por crear siempre se sostiene de la voz y de la guitarra, y no puede haber nada más analógico que eso. A pesar de que el disco sí es una bisagra quizás hacia una identidad musical más pop y con más presencia de un sonido sintético, las canciones las sigo creando desde la voz y la guitarra y, para mí, la prueba de altura de mis canciones es que yo pueda interpretarlas después en vivo con la voz y la guitarra, independientemente de que en el disco se llene de sintetizadores, de pop, de timbres más sintéticos que vienen quizás desde lugares menos orgánicos.

— Por ejemplo, en la carátula del disco, el nombre Libro Abierto viene escrito con mi propia tipografía, y eso tiene que ver con que yo sigo usando cuadernos para componer música. Hoy en día, la imagen del artista en el estudio es de un artista mirando su celular mientras lee la letra, y yo no creo que eso esté mal, para nada, pero en mi caso todavía guardo ese romanticismo por la materialidad, así que todo el arte del disco tiene mucha presencia de mi caligrafía.

Las canciones nacieron desde la voz, la guitarra, un lápiz y un papel, y este disco mezcla eso con una producción más cercana a lo sintético y a lo pop, un poco de los dos mundos.

— Considerando la importancia que le das a la materialidad, ¿Cómo fue volver al vivo?

— Hace poco les contaba a mis amigos que literalmente me volvió el alma al cuerpo. Lo que hice este verano en la gira de Chile y Argentina, e incluso en meses previos con la gira que tuvimos por México, es de las cosas que más amo de mi oficio: subirme al escenario. En Chile tenemos un término que usamos para quienes les gusta mucho hacer shows y que la gente los vea, se les dice “pinta monos” y yo desde muy chico siempre lo fui. Yo agarraba a mis tías y mis primos los veranos y los ponía en sillas enfrente de mí para entretenerlos. Así que después de todo lo que se vivió, este período “post pandémico”, si se quiere, solo vino a confirmar que necesito los conciertos con urgencia para estar tranquilo, sentirme vivo y estar con buena energía. Yo era un bodrio en pandemia, qué pena el que me conoció ahí (risas). Ha sido muy lindo ver cómo he recuperado el ánimo gracias a volver al escenario.

— ¿Cómo viviste la visita a Argentina y qué te llevas de vuelta a casa?

Fue un higlight del último tiempo. De toda esta curva que te cuento de que fui recuperando energía post pandemia, quizás la semana donde más vivo me sentí fue en Argentina, y no es trivial: yo consumo mucha música argentina desde muy chico

— En mi infancia se oía folklore argentino, y cuando ya empecé a escuchar por cuenta propia mis grandes referentes fueron de la generación del rock: El Flaco (Luis Alberto Spinetta), Charly (García), Serú Girán, y muchos que vinieron después. Siempre tuve la inquietud de saber qué iba a pasar cuando yo me encontrara con el público argentino. Entonces, imagínate, voy por primera vez a hacer mi música en Argentina, me presento en un festival tan emblemático como Cosquín Rock, y después en Buenos Aires, Rosario y Córdoba, compartiendo con colegas, dejando un registro tan lindo como el que hicimos en La Pulperìa en San Telmo con Altafonte, que es un material que veo con mucho cariño y con mucho orgullo. Fue hermoso el contacto con el público, ver que llegaban personas que se sabían las canciones y la energía de un país que ama su cultura, ama el arte y ama el escenario. Fue absolutamente real.

— ¿Cuáles serán los próximos capítulos de este libro?

—  Yo siempre he creído que las canciones tienen dos etapas creativas: Uno es el proceso del estudio, con eso que tú decidiste que suene en el fonograma y que va a quedar en plataformas como Spotify o en la radio; pero las canciones también tienen una segunda vida que inicia cuando las empiezas a tocar en vivo. Se van resignificando, van mutando un poco. Ahora me toca darles esa segunda vida, tocarlas lo más posible, ver si es que los arreglos van cambiando,  si es que mi forma de entender o interpretar las canciones van cambiando, y para eso hay que tocar mucho y viajar mucho, que es lo que más amo en la vida. Este año espero ir a España, y ojalá volver a Argentina. Para mí, haber ido a Argentina fue el comienzo de una relación que yo quiero que sea de largo plazo y para eso hay que alimentar la relación. También quiero volver a Chile y presentar el disco formalmente en un teatro con una performance y relato que lo acompañe, estamos trabajando eso.

— ¡Entonces, se vienen muchas historias por delante!

— Creo que lo importante es que el libro siga abierto, y eso literalmente significa que no hay que dar por cerrado lo que vamos a escuchar en este disco, van a haber muchas sorpresas próximamente. 

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